martes, 26 de noviembre de 2013

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sábado, 2 de noviembre de 2013

Analízame Lentamente - 4to Serie Oportunidades



Hola amigas y amigos. Quisiera compartir con ustedes el lanzamiento de mi nuevo libro en Nueva Editora Digital (nED).

Analízame Lentamente – 4to Serie Oportunidades



RESEÑA:

Sebastián es psicólogo, el estrés de la ciudad lo hace buscar refugio en un pequeño pueblo. Pero la soledad y el aburrimiento hacen que se meta donde no lo llaman. Siempre está tratando de ayudar, aun cuando atenta contra su seguridad, en una de esas ocasiones conoce a Kevin.
Kevin es un lindo, ingenuo y descarado alborotador. Se siente muy atraído por Sebastián. Convierte en un propósito el tentarlo y librarse de una vez por todas de la tan sobrevalorada virginidad. Aun cuando por mucho tiempo en secreto amó a su benefactor y amigo Xander.
Xander al enterarse que están a punto de arrebatarle al hombre que ama no tendrá ningún escrúpulo para lograr que su oponente sepa que Kevin es suyo. Lo que nunca imaginó es que al conocer a Sebastián entre ellos saltarían algo más que chispas.
¿Qué harán para resolver el nuevo problema que se les presenta?

Les invitó a adquirirlo acá


domingo, 14 de julio de 2013

Amor Perdido


Hola a todos, me he dado un tiempo para ponerles mi historia en mi blogs.  Esperó les guste.






                 Amor Perdido
                   Solange Álvaz

Cinco años habían pasado desde la última vez que Tommy estuvo en su pueblo natal. Cinco años en los que sufrió y perdió sus deseos de vivir. En los que finalmente gracias a la ayuda de su padre pudo salir de la profunda depresión en la que cayó. Y todo por su primer amor, o tal vez sería mejor decir el rechazo cruel de su primer amor.
Cada vez que recordaba el estúpido día se le llenaban los ojos de lágrimas. Rayos, le molestaba sentir estos sentimientos a flor de piel. Inhaló profundo, dejando que su mente lo llevase al pasado. Recordando como si fuese ayer a esa persona que tanto cambió su vida.
Parecía una estupidez ahora, pero en su momento tuvo repercusiones épicas, casi lo llevó al suicidio. Era increíble como la mente de un adolescente era tan extrema, donde para él sólo existía su mundo, un mundo creado en la fantasía. Y creciendo día a día en su mente y corazón. Daba gracias que su padre lo amara tanto, que hubiese velado por él y lo sacara del pueblo. No hubiese soportado ver día a día a Lucien Matthew, profesor de Matemáticas. En su vieja escuela.
Recordaba el día que Lucien llegó a remplazar a la señora Spooth. Verlo entrar en el salón de clases lo dejó sin aliento, era tan guapo, sexi y muy varonil. Quedó encandilado. No podía dejar de verlo, totalmente pendiente de cada movimiento y palabra de éste. Dios, fue choqueante para él caer enamorado de otro hombre por primera vez. Tenía casi dieciocho años, y se encontró buscando pretextos para hablarle. Sólo para tener el placer o el sadismo de verlo sin poder hacer nada.
Al principio Lucien Matthew había sido amable y lo trató como se trata a un cachorro, luego era amable, pero distante. Esto lo dejaba pasar y veía sólo lo que su mente enamorada quería ver.
Tommy quería saber todo sobre su nuevo héroe. Dios, como lo había amado, hubiese hecho lo que el hombre le hubiese pedido, pero él nunca le pidió nada. Y finalmente él empezó a ignorarlo. Eso sí que le molestaba, y hasta dolía un poco, pero en su confusión no veía nada malo. Por lo que siguió adelante, buscando el momento y el lugar para encontrar a solas al hombre.
Pasó casi un mes y el profesor Matthew era cada vez más distante y frío. Esto finalmente lo quebró y decidió tirar sus cartas sobre la mesa. No aguantaba más, quería saber qué sentía Lucien. Ya había esperado bastante por su amor. Un día al encontrarlo solo en una sala de clase, se acercó sigilosamente. Al verlo, el hombre levantó la vista y se levantó de su asiento. Lo miró extrañado al encontrarlo en el salón, ya que era de un curso más bajo. Tommy tomando valentía tan propia de la juventud, se acercó sin decir nada frente al hombre y dejándose llevar por un impulso, le robó un beso a Lucien, que se encontraba mirándolo con desconfianza. Cuando se abalanzó hasta él, sintió como se puso rígido. Por lo que perdió parte de la valentía que había tenido.
Sólo de recordar ahora la furia reflejada en los ojos del hombre, se le encogía el corazón. La respuesta no se hizo esperar. El profesor Lucien lo tomó de un brazo y lo empotró contra la muralla, con furia y rudeza. El dolor del golpe de su cuerpo impactando en la muralla y la dureza de cómo lo sujetaban esas rudas manos, lo sacó de su burbuja, asustándolo. Había soñado tantas veces con esas manos acariciándolo, ese cuerpo amándolo. Y ahora éste estaba castigándolo. Se equivocó, ya no podía retroceder, sólo enfrentar lo que provocó.
—La próxima vez que te me acerques te sacaré lo hombre a golpes. Mantente alejado de mí. Si estás buscando alguien que te dé por culo, busca por otro lado, que no sea yo —estas palabras fueron dichas con tanta rabia que cada una de ellas dañó al joven muchacho enamorado, dejándolo como un pobre despojo. No era capaz de mirar al hombre mayor a la cara. Cuando sintió que lo soltó, se dejó ir, alejándose; huyendo del dolor. Sin atreverse a mirar atrás… con cada fibra de su ser llorando, su corazón afligido. Su mente en ese momento era una neblina. Su alma rota. Impactada. Sólo continuó caminando, lejos, cada vez más lejos. Su mente de niño—hombre en conflicto. Meses de vivir enamorado de una ilusión, del amor unilateral y ahora le explotaba el desengaño de golpe.
Salió de salón de clase, sin mirar nada alrededor. El mundo en ese momento no existía para él. Salió de la escuela y caminó por las calles. No supo cuánto caminó, ni cuánto tiempo pasó. Solo. En estado de sonambulismo.
Hasta que su padre se preocupó porque no llegaba y salió a buscarlo. Lo encontró a orillas de la carretera caminando pero totalmente ido. La preocupación de su padre fue tal que detuvo su camioneta y salió a buscarlo al ver que su hijo no respondía.
—Hijo… —en un principio el joven no asimilo nada, sólo después de varios intentos por parte de su padre, él reacciono—. ¿Qué sucede, chico? cuéntale a papá.
Con estas palabras pronunciadas por su padre él rompió a llorar y lo abrazó. Su padre lo subió a la camioneta y lo dejó llorar. Cuando estuvieron en casa su padre hizo que le comentara lo que había pasado. Tommy se lo contó todo, con algo de temor por la reacción de su papá, pero él sólo lo había tomado en sus brazos y lo había abrazado, diciéndole que dejara todo en sus manos, que ya solucionaría el problema para que no tuviese que ver más al Profesor Lucien Matthew.
Y su padre cumplió, terminó sus estudios como estudiante libre y sólo regresaba al colegio a dar exámenes con el director. No fue fácil, su mente no ayudaba mucho. Pasaba largos períodos de tiempo encerrado en su habitación, mirando al vacío, sin ánimos de nada. Se obligó a sí mismo a sumergirse en los estudios. Fue muy difícil. La concentración no hacía nada por ayudarlo. Pero lo logró. Por su padre puso todo el empeño para no defraudarlo.
Una vez que se graduó, su padre lo hizo postular a la universidad en otra ciudad y él también pidió el traslado en su trabajo. Por lo que empezaron una nueva vida, lejos de los recuerdos que destruían el ánimo de Tommy.
Durante ese tiempo su padre enfermó de hipertensión, por lo que ya no pudo hacer ciertos trabajos en la construcción, trataban de cuidarse mutuamente. Tommy se volvió silencioso, desconfiado e incrédulo. No hizo amigos, vivió sólo para los estudios y alcanzar una meta. Su corazón se fue endureciendo, con el correr de los años. Convirtiéndolo en un hombre inalcanzable. Donde no había tiempo para el amor.
Y aquí se encontraba ahora, cinco años después, en su pueblo natal. Su padre había muerto un mes atrás de un infarto cardiaco. Y antes de morir le pidió que volviese donde las cosas se habían torcido y que solucionara lo que tenía pendiente, aunque sólo sea para llamar imbécil en la cara a Lucien Matthew.
Miró a su alrededor e hizo una mueca al ver que casi nada había cambiado, la plaza seguía exactamente igual, la señora Rivera continuaba tomando su siesta de las cuatro sentada bajo el viejo árbol que tantas historias guardaba. Hasta estaba seguro que si buscaba en su corteza encontraría el tallado que había hecho con su cuchillo de bolsillo donde ponía “Lucien te amo”. Suspiró al darse cuenta de lo tonto que había actuado, realmente la adolescencia era cabrona.
El aroma en el aire era el mismo, inspiró y cerró los ojos, identificando los aromas de los distintos árboles que rodeaban la plaza.
Recién graduado de ingeniería en construcción, se estaba tomando este tiempo por su padre, que en vida le dio todo su apoyo y amor, ayudándolo a ser persona nuevamente y no ese desecho de joven que salió de este pueblo. Por su padre se quedaría un mes y luego retomaría su vida y cerraría el capítulo que tenía su vida en suspenso. Realmente el primer amor podía ser lo más bello o lo más maldito que podía suceder a alguien. Lo peor es que su amor fue unilateral, y con un final humillante.
Bajó del vehículo y fue hasta los asientos de la plaza, se sentó al sol, buscando calor. Miró todo a su alrededor. Había muchas madres con sus niños. Le llamó la atención un pequeño niño que recién estaba aprendiendo a caminar, sonrió al ver que tenía el mismo cabello de Lucien, no podía ver el color de sus ojos, pero el pequeño se lo recordaba. No podía creer que aún ahora su corazón retumbaba desbocado sólo en pensar en el hombre. ¿Qué sería de su antiguo amor? Después había sabido que estaba casado.
Él, como había vivido en una burbuja de amor, nunca se dio cuenta o simplemente no se quiso enterar. Se sentía un poco culpable, pero no tanto. A lo mejor tenía varios hijos.
Volviendo su atención a su entorno vio cuando el muchachito salió corriendo hacia la calle, por lo que se levantó corriendo impulsado por la adrenalina, no se detuvo hasta tener al niño en brazos alejándolo del peligro. Suspiró soltando el aliento y abrazó al muchacho. Se sentía tan pequeñito en sus brazos, frágil. Miró hacia donde estaban vehículos circulando y se estremeció al pensar en lo que pudo haberle pasado a ese dulce niño.
—Uff cosita… no lo vuelvas a hacer. Pudiste lastimarte —el niño lo miró con sus grandes ojos entre asustado y maravillado. Lo llevó hasta donde estaba la mujer algo preocupada.
—Este jovenzuelo quería aventuras —dijo acercándose sonriendo y entregándole el niño a la mujer.
—Ufff. Gracias, Lucky es terrible, cuando no caminaba, todos deseaban que caminara para que no fuese tan dependiente, pero ahora todo es un peligro para él, se escapa, llega a lugares que antes no tenía acceso… ohhh definitivamente estaba muy bien sin caminar —parloteó la mujer pálida y aún algo asustada.
—Pobre, para él todo es una fuente de juegos y descubrimientos.
—Sí, lo es. Lo malo es que me tiene loca a mí y a su padre. Te juró que a Lucien le da terror que lo traiga sola al parque o la plaza —dijo la mujer divertida, sin darse cuenta como el joven frente a ella retuvo el aliento y se puso rígido.
—¿Lucien Matthew? —logró preguntar reteniendo el aliento.
—Sí, ¿lo conoces? —respondió maravillada la joven mujer.
—Sí, fui su alumno en la segundaria —dijo diplomáticamente.
—Ahhh, pues sigue dando clases, sólo que ahora en la universidad.
—Ohhh.
—Le gusta más dar clases a chicos más grandes, dice que se toman más en serio las materias —la joven mujer sonrió al ver que Lucky estaba haciendo duros esfuerzos para lograr que su héroe del rescate lo tomará en sus brazos—. Le gustaste. No suele darse con gente que recién conoce. ¿Te molestaría tomarlo?, estoy segura que hará berrinche hasta obtenerlo que quiere.
—Mmmm… un joven que sabe lo que quiere, ven acá, amiguito —dijo Tommy tomando en sus brazos al niño, quien se aferró a su cuello y besó su mejilla. Con sus pequeños brazos rodeándolo, sus manos sujetándolo firmemente. Nunca antes tuvo un niño cerca. Se sentía tan bien. El recibir cariño sin antes haberlo mendigado. Sintió un pequeño calor invadir su corazón, llegando a desentumecer su corazón dolorido y resquebrajado. Por lo que libremente envolvió al niño en un abrazo, haciéndolo reír feliz de que su nuevo héroe lo acariciara.
—Ohhh… mira quien viene ahí —dijo la mujer contenta indicando hacia sólo unos metros de donde estaban ellos. Tommy se volvió con el niño aún abrazándolo y se quedó asustado y pálido al ver a Lucien a sólo unos pasos. Frunciendo el ceño al verlo con su hijo. Tommy se soltó cuidadosamente del niño, con cuidado para que no se asustara y se lo entregó a la mujer. El niño protestó al ver que lo alejaban de sus brazos.
—Disculpa… tengo que irme… este… fue un placer conocerte —dijo balbuceante, sólo queriendo escapar.
—Pero… ¿no te quedarás a saludar a Lucien? —la mujer recibió al niño y miró contrariada al joven y luego a Lucien. Tommy se dio media vuelta y rápidamente se dirigió hasta su auto. Creyó lograrlo hasta que sintió la voz de su antiguo amor llamarlo. No quería parar, pero este llegó donde él y le impidió escapar.
—Tommy… espera, ¿hace cuánto que estás acá? —preguntó suavemente el hombre, reteniéndolo firmemente con una mano en el hombro.
—Sólo acabo de llegar… y ya me voy. No sabía que era tu hijo. Yo… mejor me voy —balbuceó angustiado, sin saber cómo reaccionaría Lucien.
—No aún, déjame hablar contigo. La última vez que supe de ti fue hace cinco años. Yo tengo que aclararte algo.
—No hay nada de qué hablar —dijo Tommy contrariado y molesto. Miró hasta donde había estado la mujer con el niño—. ¿No se molestara tu mujer de que hables con un maricón? —susurró en forma dura, recordándole al otro como lo había tratado años atrás.
—Ella no es mi mujer, es sólo la chica que cuida de mi hijo. Mi esposa murió, Tommy, hace año y medio. Cuando nació Luc.
—Rayos… lo siento —miró extrañado a su ex amor—. Pero no se dé que querrías hablar conmigo.
Lucien miró a ambos lados de la plaza antes de hablar.
—¿Este es tu auto? —Preguntó indicando el vehículo junto al joven—. Yo ando sin el mío. Vamos a un lugar más privado a hablar.
Tommy frunció el ceño pero sacó el seguro del vehículo e invitó a Lucien a subir. No sabía a qué se debía este cambio en el hombre, lo tenía confundido. Odiaba cuando no sabía que terreno pisaba. Optó por callar y ver qué sucedía. En silencio los condujo sin querer hasta su rincón preferido en este pueblo, un riachuelo que muy pocos conocían, era muy privado. Detuvo el auto y bajó en silencio. Fue hasta la orilla del río y vio correr el agua, seguía estando tan hermoso como cuando venía por las tardes después de clases. El pasto rodeaba el lago, y frondosos árboles se erguían dándole una sensación de privacidad. Inspiró el aire que invadió sus sentidos, le encantaba esto. No se dio la vuelta para reconocer al otro hombre, pero lo sentía muy cerca.
—¿Qué querías hablar conmigo? —preguntó sin volverse, dándole la espalda, no sabía si tendría el valor de enfrentarlo. Era más difícil de lo que imaginó. No esperó que los sentimientos que creía haber enterrado, volvieran a él como un golpe.
—Tommy… primero que nada, quería pedirte perdón —dijo el hombre suavemente, pendiente de cada movimiento del joven—. Sé que te lastimé. Te busqué para hablar contigo, pero ya nunca apareciste en clases. Luego te retiraste. ¿Fue por mí? ¿Tanto daño te hice?
—Tú me cagaste la vida —se volvió bruscamente Tommy quedando frente a Lucien, luego hizo una mueca agridulce y rodó los ojos—. Al menos en ese momento lo hiciste. Estaba tan estúpidamente enamorado de ti… mi primer amor… y este me manda a trompadas lejos de él —cada palabra fue arrancada de su interior, brusca, cruda. Buscando causar daño, pero a la vez limpiando su corazón atormentado.
—En ese tiempo estaba casado, y mi esposa estaba enferma de cáncer —Lucien colocó sus manos sobre los hombros de Tommy y lo obligó a mirarlo a los ojos—. Tú también me interesabas, Tommy, pero lo veía como una traición a la mujer que estaba conmigo, la que cada día luchaba por estar viva. No podía sólo dejarme llevar por lo que sentía por un hermoso muchachito. Además, estaba el factor que eras estudiante y menor de edad. Necesitaba el trabajo, el tratamiento de Eva era costoso. No podía arriesgarlo todo por un enamoramiento. Perdóname si te lastimé —dijo esto último en un susurro, y levantando su mano derecha para acariciar el rostro del muchacho con el dorso de sus dedos.
—No era sólo un enamoramiento… yo te llegué a amar… y después de eso quise morir. Sólo mi padre supo ver y me alejó del dolor —relató angustiado, recordando todo lo que pasó en ese periodo de tiempo.
—Como me gustaría retroceder el tiempo. Sé que debes odiarme. Nunca he dejado de pensar en ti. Me atormentaba todo este tiempo no saber qué te había pasado. Recuerdo el dolor que te causé… —Lucien respiró profundo y parpadeó alejando una desvergonzada lágrima. Pero sin hacer nada por esconderla. Tommy vio asombrado el recorrido de esa gota recorriendo el rostro de Lucien.
—No es para tanto, ya no sufro —dijo el muchacho frunciendo el ceño al ver por primera vez los sentimientos de Lucien—. Hey, me harás sentir culpable por hacerte llorar, ¿no debería ser al revés?
—¿No has pensado que yo también sentía algo por ti? ¿Crees que es fácil tener a un cachorrito hermoso alabando todo lo que haces, mirándote como si fuese su ídolo y luego… nada? —Tommy entendió la verdad de sus palabras, y frunció el ceño al darse cuenta que sólo se centró en sí mismo.
—Mmmm… no he pensado en cómo te sentías, sólo te odiaba por lastimarme y tirar mi amor a la basura —susurro el joven, contrariado.
—Tommy… —Lucien se acercó, quedando pecho contra pecho. Se miraron a los ojos, ninguno muy seguro de saber qué hacer a continuación, con miedo de romper el momento. Lucien levantó su mano y tocó suavemente el rostro del joven, delineó los labios antes de acercarse y besarlo suavemente, esperando una respuesta por parte del joven.
Tommy gimió maravillado de sentir tanto aún por este hombre, que se dejó llevar. Llevó sus brazos hasta el cuello de Lucien. Saboreando por primera vez al hombre que tanto amó y por el que aún sentía algo. El beso se fue poniendo cada vez más intenso, envolvente, caliente. El joven sentía las manos de Lucien recorrer su abdomen y apretar sus pezones. Soltó un grito excitado… y buscó aliviar su estado moliéndose contra la cadera de Lucien, éste al sentirlo sonrió. Dejó libre por unos segundos sus labios y puso su atención en soltar la cremallera y el botón de los jeans de Tommy. Abrió lentamente la cremallera, cuidando de no lastimar nada a su paso. Sacó la delgada erección del confinamiento del bóxer. Con su mano derecha envolvió suavemente su erección y lo torturó con placer.
Tommy gimió y se aferró al cuerpo de Lucien. Se dejó llevar por los sentidos, sintiendo todo su cuerpo electrizado. Miró como esa mano morena tocaba su cuerpo, como si fuese el suyo propio, con confianza. La imagen lo dejó al borde, sentía su orgasmo formarse a punto de llegar. Suspiró y pidió más con sus movimientos. Cuando sintió un dedo penetrar su agujero, no pudo retenerse y acabó con fuerza en la mano de Lucien. Sentía sus piernas como fideos, sin fuerza. Por lo que se aferró al cuerpo firme que aún lo sostenía.  Lucien besó la frente del muchacho y lo ayudó a tenderse sobre el frondoso pasto. Lo abrazó y permanecieron en silencio por largos minutos. Sólo escuchando sus agitadas respiraciones.
—¿Es correcto lo que estamos haciendo? —preguntó inquieto Tommy, no quería soñar y exponerse a otra desilusión, ahora como hombre no lo soportaría. El sentimiento que estuvo dormido volvió con fuerza. Escondió la mirada asustado de demostrar demasiado.
—Ya no hay nadie a quien podamos hacerle daño. Yo reprimí mi vida y en el proceso tú saliste lastimado, ya no habrá más de eso. Me he prometido vivir la vida plenamente.
—¿Y qué significa eso? —Quiso saber esperanzado. Tal vez su padre tenía razón al querer que volviese al pueblo.
—Me gustaría mucho tenerte en mi vida —respondió mirándolo a los ojos seriamente, pero sin esconder los sentimientos que estos reflejaban.
—¿Tú crees que es tan fácil? Yo pasé por mucho, Lucien… —se rebeló el joven al ver como todo se estaba dando tan fácilmente ahora, cuando en el pasado casi le costó la cordura.
—Lo sé, sólo te pido que no te cierres a mí. Me gustaría poder ganarme nuevamente tu respeto y tu amor.
—No ha habido nadie en mi vida —miró a Lucien a los ojos, diciéndole sin palabras lo importante que él aún era en su vida.
—Ohhh, bebé, siento tanto haberte dañado. Te juro que cuando te alejé estaba en mi peor momento, Eva estaba asistiendo a quimioterapia y mis ingresos se hacían polvo. Después el tratar de ayudarla. No fue fácil para mí, Tommy. Cada vez que te acercabas eras un recordatorio de lo que no podía tener. Eras tan demostrativo, tan inocente. No te dabas cuenta que cada vez que te acercabas te deseaba más. Y mi conciencia ganó la partida, no podía ser infiel, no cuando luchaba por su vida. Ella incluso se embarazó sabiendo que tenía un ochenta por ciento de probabilidades en contra, se aferró a ese veinte por ciento. Y puedo decir que esa fue la etapa más feliz de Eva. Sentir a Luc en su vientre. Eso me hizo sentirme en paz conmigo mismo. Ya que pude regalarle algo que anhelaba más que su vida. Ella sabía que a lo mejor no viviría, pero estaba tranquila porque yo me preocuparía y amaría a mi niño. Por lo que se fue feliz.
—El escucharte contarme de esos días me hacen darme cuenta de lo egoísta que fui, nunca se me ocurrió preguntarte nada, ni siquiera sabía que eras casado, sólo veía lo guapo que eras —suspiró, reteniendo un sollozo—. Viví en una burbuja y cuando se reventó, no fui capaz de manejarlo. Por eso me fui. Mi papá se asustó de lo que pudiese hacer y me llevó lejos. Me obligó a salir de esa depresión, me ayudó tanto… Pero él sabía que había algo que solucionar en mi vida. Él me pidió que volviera e hiciera las paces con el pasado. Era tan sabio, siempre velando por lo que era mejor para mí, incluso antes de morir. Tal vez a esto se refería él.
—Puede ser. Tu padre me conocía. Sabía de Eva —le informó con un susurro. —Nunca me dijo nada —dijo asombrado.
—¿Y hacerte más daño? ¿Cómo te sentirías si yo te hablase de ella, pero aún viviese?
—Mmmm… buen punto, no sería lo mismo. Se sentiría corrupto.
—Así me sentía cada vez que te acercabas a tentarme.
—Lucien… ¿qué sientes ahora por mí? —Quiso saber desesperadamente el joven.
—Creo que podrías ser alguien importante a quien amar. Tú eres el único que tiene la decisión en sus manos —Lucien se inclinó sobre el joven y buscó sus labios, besándolos suavemente.
—Me gustaría mucho, pero me da tanto miedo —dijo inquieto el joven revelando sus temores.
—¿Qué puede salir mal? Sólo seremos nosotros conociéndonos, amándonos —se detuvo un momento y dijo algo inquieto—. Claro que hay un factor importante. ¿Te gustan los niños?
—Si lo dices por Luc, tu terremoto es un amor. Ya nos hicimos amigos en la placita. Creo que te sacará canas.
—Me alegro, porque mi hijo es mi vida. Y en cuanto a las canas ni que lo digas, no quiero estar viejo y que te roben de mi lado.
—No eres viejo, lo sabes… y eres sexi —Tommy se sentía tan liviano, como si hubiesen sacado un enorme peso de sus hombros. Por lo que decidió vivir el presente y tratar de dejar el pasado atrás.
—Gracias, es agradable escuchar eso de un chico caliente —Agradeció Lucien dándole un suave beso en los labios del muchacho.
—¿Crees que soy caliente? —preguntó asombrado.
—Siempre lo has sido, cariño, ¿por qué crees que me traías de cabeza?
—Creo que me arriesgaré…
—¡Espera! —lo detuvo inquieto Lucien.
—¿Por qué?
—Porque antes hay algo que quiero preguntarte. Y darte la opción de elegir —dijo seriamente.
—¿Qué?
—Espera, mira que soy chapado a la antigua. Ahora bien… —tomó las manos de Tommy entre las de él y lo miro seriamente a los ojos—. ¿Quieres ser mi novio?
—Ohhh… Lucien… yo… me encantará serlo. Nunca pensé que te escucharía decirlo —dijo el joven emocionado y con lágrimas en los ojos.
—¿Es eso un sí?
—Sííí… —el joven se enderezó y se tiró sobre Lucien, abrazándolo—. Bésame.
—Eso será un placer —sonrió, envolviendo sus brazos alrededor de Tommy.
Lucien atrajo el cuerpo del joven firmemente contra él y lo besó. Demostrando en ese beso el deseo, cariño y por qué no decirlo, algo de amor… ese amor guardado, silencioso. Que en su momento tanto los hizo sufrir, pero que hoy libremente se empezaban a entregar. Tenían la oportunidad de crear nuevos recuerdos y aumentar ese amor que años atrás sintieron. Ahora los dos como iguales, como adultos que se quieren.
—Dios, te deseo… hazme el amor —pidió Tommy deseoso.
—Lo haremos, cariño, pero no acá. Ten paciencia, ya llegaremos a mi casa. Y podré tenerte todo para mí.
—¿Por qué no? —El joven miro alrededor de ellos—. No hay nadie por estos lados.
—En otra ocasión, quiero que nuestra primera vez sea especial. No un arrebato hormonal.
—Ohh, pero me gustan esos arrebatos —se quejó el joven frunciendo el ceño.
—A mí también, bebé. Sólo me refería a la primera vez que hagamos el amor. Ya después si quieres podemos bautizar cada centímetro de este terreno.
—Uyyy, qué imágenes cargas en mi cerebro ¿Cómo quieres que aguante hasta tu casa? Vamos, no seas malito. Dame ese trozo hermoso que escondes tan celosamente —dijo Tommy agarrando firmemente la bragueta de su novio.
—Eres un malcriado, tendrás que ver como hablas delante de Luc —se rió divertido Lucien.
—Mmmm, pero puedo hablar muy sucio sólo para su padre… ¿eso está bien? —preguntó el diablillo, con un acento recargado y sexi.
—¿Qué tan sucio? —quiso saber Lucien, cada vez más acalorado e incómodo. El confinamiento de sus pantalones se estaba haciendo más y más pequeño, haciéndole sentir muy dolorida su dura erección.
Tommy se acercó al oído de Lucien y susurró suavemente:
—Como decirte cuanto deseo tu enorme polla dándome duro. Que me gustaría montarte y sentirte durante días —Lucien gimió ante las palabras de su ardiente novio.
—Mejor nos vamos, no creo aguantar más no tomarte —Lucien se levantó rápidamente y casi corrió hasta el vehículo, se detuvo junto a la puerta del pasajero y se volvió a ver qué Tommy aún estaba sentado mirándolo divertido—. Vamos, malcriado, obtendrás lo que quieres, así que apúrate.
—Ya voy, hombre —dijo soltando una carcajada. Al ver el apuro de su novio.
Antes de seguirlo, Tommy miró hacia el riachuelo, luego el cielo. Sonriendo. Sintiéndose feliz, como nunca antes. Se alegraba de haber hecho lo que su padre le pidió. Ahora estaba seguro que su papá sabía todo lo que pasó, y por eso le pidió que volviese a recuperar su vida. Suspiró y miró hacia el cielo.
—Gracias, papá, donde quiera que estés. Te amo —dijo sintiéndose contento. Se dio la vuelta y fue hasta donde lo esperaba Lucien. Subió suavemente al auto y una vez que estuvo sentado al lado de él, lo miro y sonrió. Dándole a saber que se sentía feliz de tenerlo ahora en su vida.
—Vamos, yo te guío hasta mi casa.
—Vamos… —sonrió alargando la mano y dando un pequeño apretón en el muslo de Lucien—. Esperé tanto por esto, Lucien. Es como un sueño.
—Pues no lo es, ya era tiempo de que la vida nos diese un respiro. Ahora vamos, quiero presentarte a mi hijo como corresponde.
—Él es un pequeño diablillo muy inteligente. Te sacará canas. Me encantará formar parte de su vida si tú me lo permites.
—Él ya te considera su héroe —dijo Lucien con cariño al referirse a su hijo.
—Guíame.
Tommy puso en movimiento el vehículo y los sacó del lindo paisaje, se dirigió hasta donde le iba indicando Lucien. Se daba cuenta como Lucien lo recorría con su mirada, no dijo nada pero le agradó que a este hombre le gustase. Y si el frente de su pantalón era un indicativo de cuanto le gustaba, eso significaba que era mucho. No dijo nada, sólo disfrutó del momento. Al sentir la mirada persistente sobre él, miró hacia Lucien directamente. Al verse sorprendido se sonrojó violentamente, por lo que Tommy sonrió y le guiñó un ojo. No podía creer que su novio aún siendo mayor que él fuese tímido. Había más en el hombre de lo que había visto de joven. Definitivamente en ese tiempo su realidad de las cosas no se ajustaba a la realidad.
Miró hacia el exterior, donde le indicaba Lucien. Le gustó el entorno donde vivía su novio, era un tipo villa residencial, muy bien cuidada. Las casas eran grandes, hermosas y daban la sensación de hogar. Se detuvieron frente a una casa con jardín, rodeada de pasto muy bien cuidado. La vivienda tenía un porche en la entrada, donde había un sillón estilo columpio. Le encantó, se imaginó sentado con los largos brazos de Lucien abrazándolo, viendo cómo se escondía el sol. Disfrutando esos momentos de ocio que compartirían juntos.
Le daba un poco de temor ilusionarse, pero después de tanto drama creía que se merecía un respiro. Detuvo el vehículo y sonrió al ver que la puerta de entrada se abría y aparecía la mujer del parque, tratando de retener a un inquieto Luc. El niño a pesar de ser pequeñito tiraba de la mujer, Tommy sonrió y miró a Lucien.
—Creó que tu hijo en un año más será capaz de arrasar con todo. ¿Tiene siempre tanta energía?
—Sí, él la tiene de sobra, pero doy gracias todos los días por tenerlo. Ser padre es algo indescriptible.
—Ya lo creo, lo tuve en mis brazos sólo unos minutos y tu diablillo me conquistó.
—Parece que los hombres Mathew tenemos algo que te atrae —respondió divertido el padre del niño.
—Pues tal vez así sea. Vamos, está impaciente.
—Sí, vamos o botará a Mery.
Ambos salieron del auto, sin dejar de observar al niño. Su niñera lo soltó y él corrió a los brazos de Tommy, asombrándolo. Nunca pensó que lo elegiría por sobre su padre.
—Acostúmbrate, eres su nuevo héroe —sonrió Lucien.
—¿No te molesta? —Preguntó a su novio mirándolo a los ojos, buscando algún tipo de desaprobación. Al quedar satisfecho subió a Luc a sus brazos. El bebé se abrazó a su cuello. El niño susurró dejándose abrazar, al no entenderlo miro confundido a Lucien—. ¿Qué dijo?
—Él quiere que le des el biberón. ¿No hay un beso para papi? —preguntó al niño.
—Papi mí no…
—¿Qué significa eso? —Tommy frunció el ceño al no entender.
—Eso significa que él está volcado cien por ciento en ti. Al parecer tendré que pelear por mi hijo —respondió Lucien haciendo cosquillas en la pancita del bebé—. ¿Quién es mi bebé?
—¡Papi yo! No quilla… —decía entre risas el niño.
Tommy estaba maravillado de la relación que tenía Lucien con su hijo, le recordaba a la que él tenía con su padre. Después de unos segundos jugando Lucien dejó de hacer cosquillas al niño y se acercó a él, abrazándolo, rodeando su espalda.
—No, papi, mío —el niño regañó a Lucien por abrazar a su novio.
—Oye, muchachito, de eso nada. Tommy es de papá.
—Pero que es esto, ambos basta. Hay amor para los dos —dijo regañando a padre e hijo. Su novio sonrió y se acercó a besar suavemente sus labios.
—Vamos dentro, a este muchachito le toca su siesta, así lograremos algo de paz.
Ambos fueron hasta el interior de la casa donde los esperaba Mery lista para irse.
—Muchas gracias, Mery, mañana tómate el día libre, yo estaré en casa.
—Está bien, Lucien, gracias.
Lucien acompañó a la mujer hasta la salida y volvió al salón, donde se encontró con una enternecedora escena. Tommy se había sentado, dejando al niño sobre su pecho y el bebé se durmió tranquilamente dejándose arrullar por las caricias que le hacía su novio. Fue rápidamente por el biberón de Luc. Cuando volvió tomó cuidadosamente al niño de los brazos de su novio y lo llevó hasta su habitación. Colocándolo sobre su cunita, le quitó la ropita y sólo lo dejó en camiseta y su pañal, lo cubrió con el cobertor. Tomó el biberón y lo acercó a la boquita del niño, que aún dormido, la abría y se alimentaba mamando la tetina de la botella.
Sintió llegar junto a él a Tommy, que silenciosamente se quedó junto a él contemplando al bebé dormido. Tommy lo abrazó en silencio. Se quedaron observando hasta que el niño se quitó él mismo el biberón y lo lanzó lejos. Tommy al ver esto casi suelta una carcajada por lo que se cubrió la boca y rió. Miró a Lucien divertido. Pero rápidamente perdió la sonrisa al ver el crudo deseo en la mirada de su novio, éste se acercó y lo besó.
—Ven, veamos una película en mi habitación. Tengo tres estrenos. Me los llevó uno de mis alumnos. A los chicos les gusta darse un tiempo después de clases para hablar de películas, música y lo que los esté afectando.
—Mery me dijo que ahora estabas dando clases en la universidad. Al parecer ya sé porque te gusta más dar clases a universitarios. Con los chicos adolescentes sólo pasabas malos ratos. Lo recuerdo bien, en más de una ocasión quise golpear a los tontos que te fastidiaban. Y tú eres de los profesores que se allega a sus estudiantes, ahora dime, ¿qué películas te trajeron? ¿Son de acción o comedia?
—Es Rápido y furioso seis, trabaja la Roca. Y ese otro actor… ¿cómo es que se llama? —Se quedó tratando de recordar el nombre—. Creo que se llama Vin Diesel. Ha salido en varias películas, me gustará verlos trabajar juntos.
—Sí, él trabaja genial, ambos son tan sexis —dijo entusiasmado.
—Sí, ambos son puro músculo. Creo que alguien está teniendo serios problemas —soltó una carcajada al ver que Tommy se reajustaba el pantalón.
—Yo opino que deberíamos empezar por esa, me han comentado que es muy buena —tomó a Lucien de la mano y tiró de él hacia la habitación que pensó era la de él. Una vez en ésta vio a su alrededor analizando el espacio de su novio, era muy masculino. Grandes ventanales cubiertos de una pesada cortina azul marina, paredes pintadas con un gris muy suave, y el cobertor de la cama era azul y gris perla—. Es linda tu habitación —subió a la cama, se quitó los zapatos y se recostó cubriéndose con el cobertor, y esperó que su novio pusiese la película.
—Sabes, este chico que me trae las películas tiene muchas, incluso dramas gay —le comentó Lucien mientras ponía la película en el reproductor.
—Uuuyy, esas no me gustan, casi siempre terminan con los protagonistas solos, quiero que queden juntos y felices. ¿Te has dado cuenta que casi todas las películas que han hecho del tema gay son así? Ya casi no se encuentran películas románticas.
—Sí, pero tienes buenas series sin embargo. ¿Has visto alguna?
—No, ¿cuáles?—preguntó interesado.
—A ver, esta: Queer As Folk es estadounidense, Verbotene Liebe que es alemana. Creo que esas dos son las mejores que han hecho. Si quieres verlas se pueden ver por YouTube.
—¿Tú las viste?
—Sí, hace años —Lucien terminó de colocar la película y se fue a recostar junto a Tommy, se detuvo al ver que este le estaba haciendo un lindo pucherito con sus labios—. ¿Qué sucede a mi amorcito?
—¿Podemos ver la película sin ropa? Desnúdate…prometo que no te tentaré a nada, sólo quiero que estemos así, desnudos y abrazados.
—Me lo haces difícil, Tommy ¿Sabes cuánto te deseo? Verte desnudo me pondrá al borde.
—Por favor… quiero sentirte piel con piel…
—Está bien, pero me dejare los bóxers.
—Sí —gritó feliz Tommy. Ansioso, viendo desnudarse a su novio. Lucien era tan guapo y sexi, su piel toda dorada… y esos músculos… piernas largas y torneadas y ese culo firme… sólo de mirarlo Tommy sería capaz de correrse. Reconocía no tener fuerza de voluntad.
—Hey ¿Qué esperas? Desnúdate también.
—Ohh lo haré, sólo estaba disfrutando de este sexi espectáculo.
—¿Te gusta lo que ves?
—Diablos, hombre, eres tan sexi. Ya de adolescente me tenías babeando.
—Ni me lo recuerdes, me dejabas en varios aprietos, con tus intensas miradas —se quedó quieto, desnudo, sólo con sus bóxers. Con las manos en las caderas. Viendo como Tommy se desnudaba. Era hermoso, delgado y bien definido. Gimió al ver que este no se dejó los bóxers, los bajó junto con sus jeans. Dejando a la vista para su deleite una larga y delgada belleza. Tommy echó hacia atrás el cobertor, para acostarse bajo éste.
Lucien siguió su ejemplo y se acostó en la cama, acomodando las almohadas, atrajo al muchacho a sus brazos y dejó que se apoyara sobre su pecho. Cuando estuvieron cómodos, Lucien tomó el control universal de la televisión y puso la película. Cuando estaban a la mitad de esta, Tommy jugueteó con el pezón de Lucien, chupándolo, y delineándolo con su lengua.
Lucien estaba teniendo serios problemas para retener su deseo, pero no quería apresurar las cosas. El ver a su novio con su hijo lo llevó a pensar en una relación sólida y estable. Pero no podía pensar, Tommy se encontraba pegado a él desde su pecho hasta las piernas, lo que lo mantenía con una perpetua erección.
—No te muevas tanto, Tom —amonestó cariñosamente al joven.
—¿Por qué?... —el joven lo miró confundido por un momento, hasta que vio la tienda de campaña formada frente a Lucien. Llevó la mano bajo el cobertor y apretó suavemente el miembro excitado—. ¿Por qué esperar a que la película termine? Te deseo… podemos tocarnos, chuparnos, lamernos…
—Tommy… —gimió angustiado y excitado al sentir como la mano del joven masajeaba su pene.
—Déjame complacerte. Quiero poder dejarte satisfecho.
—Adelante… es todo tuyo —Lucien tomó el cobertor y los descubrió, se quitó rápidamente los bóxers y se acomodó en la cama, abrió las piernas para darle libre acceso al muchacho—. Ahhh… te deseo tanto… —gimió dejándose llevar por el placer que le producían las manos de su novio.
Tommy se sentó en la cama. Se quedó en silencio viendo el hermoso pene de su novio, estaba grueso, duro e inmenso. Envolvió con reverencia el miembro, recorriendo las venas que se marcaba, con su pulgar tocó el glande y esparció el líquido que escapaba del pequeño orificio. Se sintió contento al sentir cómo su novio gemía por sólo el toque de su mano. El movimiento no era tan fluido, ya que su mano temblaba, se sentía nervioso y esto se lo impedía, pero hizo su mejor esfuerzo.
Sea como sea ésta era su primera vez. Se inclinó y llevó el miembro a su boca, con sus labios lo rodeó. Gimió al sentir el sabor salado y amargo del líquido pre seminal de Lucien. Con su lengua jugueteó alrededor de la punta en forma de hongo y se ayudó rodeando la erección con su mano e iniciando un movimiento arriba y abajo. Lucien se movía embistiendo su boca y gemía alterado, lo sintió tomarlo del cabello y sujetarlo mientras se movía dentro de su boca, al principio le costó mucho, el miembro de su amante lo ahogaba, pero fue buscando su propia comodidad. Sin dejar de complacer a su novio.
—Me corro, tesoro… —gimió roncamente, Lucien. Sentía como esa pequeña boca lo llevaba al borde, dejándolo hecho un manojo de sensaciones. Sintió como se inició su orgasmo, como se apretaron sus testículos antes de soltar su carga. Embistió con cuidado la hermosa boca de Tommy, sin dejar de mirar cómo lo albergaba en su pequeña caverna, soltó un gruñido cuando se corrió, llenando la boca de su chico, éste tragó y lamió hasta la última gota. La visión de esa sonrosada lengua lamiéndolo como un helado lo maravillaba—. Tom…
Tommy lo miró y dejó su miembro para enderezarse y besarlo. Lucien sintió su propio sabor en ese beso. Rodeó con sus brazos a Tommy y lo subió sobre su cuerpo, abrazándolo. Dejándose rodear por el calor de su cuerpo.
—Gracias, amor… eso fue fantástico. Me tenías tan caliente.
—Me gustó darte placer, me hace sentir eufórico, feliz. El saber que soy yo el que te lo da.
—De eso se trata una relación, Tommy, de compartir y dar mutuamente. De preocuparse por el otro. ¿Y qué hay de ti, cariño? Déjame hacerte correr.
—Yo ya lo hice —sonrió divertido y le enseñó su vientre bañado de hebras de semen—. No lo pude evitar, me excita tocarte, probarte… no pude mantenerlo —Se quedó unos segundos en silencio antes de continuar más seriamente—. Quiero esto, lo que tengamos juntos.
—Esta vez nadie me separará de ti.
—No digo que no me da miedo. La primera vez fue muy duro enamorarme de ti —le confesó algo inquieto.
—Lo sé, ambos tuvimos que pasar por un difícil momento. Doy gracias que tenías a tu padre para centrarte. Eras tan niño aún, hubiese estado mal que me acercara a ti en ese momento. Te faltaba mucho por crecer.
—Mmmm… este joven en crecimiento está agotado, creo que la peli y esta fantástica corrida me dejaron extenuado… ¿tomamos una siestecita? —dijo bostezando Tommy algo adormilado. Se acurrucó contra el cuerpo de su amante. Apoyó la cabeza en su pecho y rodeó el abdomen de su amante con su brazo.
Lucien sonrió y lo abrazó, sin preocuparse de que Tommy estuviese aún sin limpiar, ya lo harían luego.
—Nos vendrá de maravilla… aprovechemos que Luc está dormido —dijo divertido—. No te acomodes mucho, mira que lo más seguro es que despiertes de un salto cuando mi hijo exija atención.
—Mmmm para eso tiene un sexi papi que lo atenderá.
—Ahh, pero recuerda que el querrá a su héroe.
—Eres un diablo, ya sé a quién salió tu hijo. Ambos son hermosos, pero mimados.
—Mmmm… piensa en eso cuando me tengas todo para ti.
—Shhh… basta…me quitaras el sueño y hoy conduje demasiado.
—Duerme, cariño, ya tendremos tiempo… y ahí no me dirás que tienes sueño. —Eso es seguro, ahí te estaré pidiendo que me folles —Lucien soltó una carcajada complacido al ver que su amante estaba empalmado sólo con su conversación.
—Al parecer alguien está teniendo problemas —dijo indicando con su dedo índice hacia la erección de Tommy.
—No le hagas caso, es más grande mi sueño… —Tommy se aferró nuevamente al cuerpo de Lucien y se relajó, en pocos minutos estaba dormido.
Lucien abrazó al muchacho y suspiró, sintiéndose feliz por primera vez en años.


FIN

Dejen sus comentarios.

sábado, 23 de marzo de 2013

Nuevo libro en estreno: "Un Cambio Especial"


Hola a todos
Hoy quería compartir con ustedes el estreno de mi nuevo libro.    Los invito a leerlo.      Esperó se animen, para quienes ya me conocen y saben mi estilo de escritura, no los decepcionaré, sigo con el mismo estilo por lo que los haré enojar, llorar y reír.




                               Un Cambio Especial

                                 RESUMEN


      Cody después de una relación fallida con su novia Grace, se dejo abrumar por estados depresivos, descargando su malestar en quienes no debía.  Se da cuenta que está haciendo todo mal y decide tratar de mejorar su actitud.  Pero todas sus buenas intenciones se vienen abajo cuando conoce a Daniel, amigo de toda la vida de la pareja de su padre. 
Nunca antes había sentido atracción por un hombre, y ahora además de la atracción se siente protector.   Pero trata de luchar contra lo que siente, provocando más dolor y frustración del que debería.
Cuando aun no llega a buen término con su sexualidad tendrá que enfrentarse a un nuevo reto; la paternidad.
Ahora sus decisiones no pueden ser tomadas sin antes analizar las situaciones, ya que se ve con su pequeño y frágil hijo en sus brazos, y cada decisión afectara a ambos. 
Daniel después de una relación dañina, ve en Cody a un príncipe, claro que uno mimado; aun que en un principio le causaba temor, ahora al verlo con su bebé, siente que se puede enamorar irremediablemente de esté sexi y cariñoso papá.   Pero no podrán tener nada si Cody no llega a aceptarse a sí mismo.


                    Adquiéralo Aquí

martes, 11 de diciembre de 2012

Entre Apariencias y Leyes




       Hola a todos, hace mucho que no me pasaba por acá, desgraciadamente me falta tiempo para hacer todo lo que desearía. Les traigo una historia corta, esperó les guste, yo disfrute mucho escribiéndola.  Es parte de mi antología homoerótica publicada en Amazon. 
       No olviden dejar sus comentarios, todo autor se nutre con sus opiniones.


           




 —¡Maldita rubia teñida! —murmuró con rabia Elías al sentir el ruido proveniente de la oficina de su jefe. Entre los ruidos y golpeteos de piel con piel que venían de allá, lo tenían empalmado— No sé como un hombre tan inteligente se deja embaucar por esa cualquiera —dejó salir un suspiro apesadumbrado, ya que daría lo que fuera por ser al que su jefe estuviese follando.

Elías llevaba cinco años trabajando con Maxwell Ferral, abogado reconocido y muy cotizado, proveniente de una reconocida familia. El hombre tenía solo treinta y cinco años y era rico, sofisticado y endemoniadamente atractivo. Lo que hacía que le llovieran las mujeres, desde que Elías empezó a trabajar con él abogado, al primer año perdió la cuenta de las mujeres que desfilaron por esta oficina buscando algo más que la asesoría de su jefe.

Desde el momento que Elías conoció a su jefe quedó irremediablemente enamorado, lo que lo llevó a tener una existencia muy solitaria, ya que prácticamente vivía para poder trabajar para Maxwell, siempre tratando de hacer más de lo que le correspondía para agradar al hombre. Elías no se hacía ilusiones ya que su jefe era hetero, pero era demasiado masoquista, no quería alejarse –¿Cómo le dices a tu corazón que deje de sentir?– suspiró derrotado ya que viendo a lo largo de los años los gustos de su jefe en mujeres, desde el cabello rubio, delgadas, atléticas, ojos claros, él era la versión masculina de sus preferencias.

—Lástima que no le gusten los chicos —dijo en voz baja.

El muchacho se sobresaltó saliendo bruscamente de sus pensamientos al escuchar una fuerte discusión proveniente de la oficina de Maxwell, de pronto la puerta se abrió y salió la rubia casi desnuda insultando a su jefe. Elías se sintió horrible, ya que se suponía que no debería estar ahí, sino almorzando. El chico casi salió fuera de su piel cuando sintió quebrar algunas cosas de vidrio de su jefe y gritar a todo pulmón a la mujer:

—¡Puta! No te quiero ver nunca más cerca de mí —El joven se encogió al ver esta nueva faceta de su jefe. Vio a la mujer a medio vestirse mirarlo enojada al verlo presenciando la pelea.

—¿Qué haces ahí, cabrón? —la joven insultó a Elías, que se encontraba tras su escritorio.

—Lárgate antes que llame a seguridad —Maxwell salió desnudo de su oficina, la tomó de un brazo y la sacó a la fuerza dejándola en el pasillo antes de cerrar con fuerza la puerta en sus narices.

—¡Esto me lo pagaras Maxwell! —gritó la mujer a través de la puerta.

Maxwell apoyó su espalda contra la madera y recién ahí se dio cuenta que Elías estaba sentado en su escritorio viéndolo ruborizado hasta las orejas y con la boca abierta de la impresión, hizo una mueca al ver la reacción del muchacho.

—¿Llevas mucho tiempo ahí, Elías? —indagó con los ojos entrecerrados, frunciendo el ceño al ver que el muchacho se ponía aún más rojo y no lograba articular palabra.

—Yo… yo… he… —El cerebro de Elías había hecho cortocircuito al ver al hombre de sus sueños como Dios lo trajo al mundo, no se dio cuenta que se había formado una tremenda erección en su bragueta, el pantalón de vestir que llevaba no hacía nada por ocultar su estado.

—Yo te había dicho que te fueras a almorzar y no volvieras hasta las tres de la tarde —dijo malhumorado el hombre—. Bueno, ya que estas ahí ve a ordenar mi oficina mientras me doy un baño.

—Sí, señor, de inmediato… —el joven se levantó rápidamente y se dirigió a la oficina de su jefe, bajo la atenta mirada de éste, al que no se le pasó por alto la rabiosa erección que el muchacho ostentaba.

Maxwell frunció el seño al ver que su cuerpo reaccionó al ver la erección de Elías, observó al joven ordenar su oficina, se dio cuenta que estaba aún sonrojado y evitaba mirarlo. Él sabía que Elías era gay, por cosas que había observado atentamente a lo largo de los años, el chico le gustaba, era honesto, fiel, dedicado, ingenuo y muuuy falto de experiencia, estaba seguro de que a

pesar de tener veinticinco años, era virgen. Él había probado con chicos en la universidad, pero ninguno le causó mayor impresión. Y ahora estaba ahí, observando cada movimiento de su secretario.

Hizo una mueca y decidió probar algo, pero primero entró al baño y se aseó rápidamente para salir desnudo y acercarse por detrás a Elías, lo apretó firmemente contra su cuerpo y tomó la erección de éste en su mano derecha, con la otra lo afirmó. El joven pegó un brinco y jadeó asustado.

—Me parece que alguien está muy caliente —susurró contra el oído izquierdo del joven, lamió el lóbulo de su oreja al sentir el estremecimiento de Elías, sentía que el chico lo deseaba, quedó claro cuando no trató de detenerlo, ni objetó que lo tocara tan íntimamente— ¿Qué paso que desobedeciste mis órdenes, bebé? Se supone que es tu horario de almuerzo.

—Yo… disculpe señor Ferral… no tenía dinero, así que regresé a la oficina —respondió asustado, sentía su corazón galopando a mil por hora.

—¿Tan mal sueldo te pago que no te alcanza para el almuerzo? —susurró su pregunta suavemente sobre el oído del chico.

—No, es que le presté a una amiga y me quedé solo con el dinero para irme a casa.

—Ay Elías, siempre tan generoso… ¿serás igual de generoso conmigo? —preguntó sugestivamente rozando su erección contra los glúteos de su secretario— Sabes lo que quiero —Maxwell no esperó respuesta y empezó a desabotonar el pantalón del muchacho, dejando que cayeran en un montón sobre sus tobillos, introdujo su mano por la pretina de los bóxer y gimió audiblemente al sentir la piel totalmente suave y libre de vello alrededor del pene del joven —eres toda una caja de sorpresas, jovencito.

—Me gusta así —respondió sin aliento.

—¿Quién te esta follando? —sintió al muchacho ponerse rígido, por lo que lo volteó y lo hizo mirarlo a los ojos, levantándole el rostro, acción que hizo que el muchacho se pusiera más rojo.

—No… yo… no he… no lo hago —logró decir entre susurros.

—¿Te ha tenido alguien antes, Elías? —el muchacho lo miró con sus lindos ojos azules cuajados de lagrimas y negó con la cabeza, esta acción llegó al corazón de Max, ya que estaba acostumbrado a mujeres voraces, decididas y sexualmente promiscuas, el sentir que Elías era virgen y tímido, hizo que se sintiera sobreprotector, él conocía perfectamente al joven, aunque éste no lo supiera, siempre había estado al pendiente de él. Elías le había demostrado su lealtad de muchas formas— Tranquilo bebé, no te haré daño, lo prometo.

Tomó el rostro del joven entre sus manos, lo miró intensamente por unos segundos antes de inclinarse y besar suavemente sus labios sonrosados y apetitosos, fue un beso delicado, con el fin de explorar, conocer.

Elías suspiró, no podía creer que su sueño se estaba haciendo realidad después de tantos años de amar en silencio a Maxwell, lo asombraba lo delicado y cuidadoso que estaba actuando con él, del tiempo que lo conocía no recordaba haberlo visto actuar cariñosamente con nadie, excepto con él, pero creía que ese trato se lo había ganado porque era un buen empleado, que se adelantaba a las necesidades de su jefe. Se deleitó al sentir que el hombre mayor introducía la lengua en su boca, le encantó su sabor, la fricción y la invasión. El joven se dejó llevar, levantó sus brazos y rodeó el cuello de su jefe con estos. Gimió encantado cuando sintió que Maxwell lo abrazaba y levantaba contra su cuerpo desnudo, haciendo que ambas erecciones se friccionarán juntas, se excitaran. Maxwell lo llevó hasta el sofá y lo ayudó a tenderse antes de subir sobre su cuerpo.

Maxwell se sentía excitado como nunca, era algo nuevo para él, el querer dar placer a otra persona, siempre había sido un poco egoísta y se preocupaba por su propia satisfacción personal. Pero al sentir gemir tan tímidamente al muchacho su corazón se sintió tranquilo por primera vez en su vida adulta, dejó de besar a Elías y lo miró a los ojos.

—Eres una linda caja de sorpresas, sabes que después de esto nada volverá a ser igual —vio que el muchacho lo mal interpretó, al ver como sus ojos se llenaron de lagrimas—, hey, chiquito…

—¿Quieres que me vaya? —preguntó triste.

—No quise decir eso —besó la frente del joven y acarició su cabello antes de sonreír— después de esto quiero poder tomarte cuando quiera, me gustas mucho, Elías. ¿Qué dices?

—Mmmm… me gustaría mucho —respondió el joven sonrojándose hasta las orejas. Max sonrió al verlo.

—Es agradable tener a alguien que se sonroja, me gustaría proteger esa inocencia tuya tan linda —Maxwell acarició a conciencia el cuerpo del chico antes de soltarlo. Suspiró, esperaba no arrepentirse por la decisión que acababa de tomar en su mente—, arriba bebé.

—Pero… ¿ya no me deseas? —preguntó agobiado el muchacho.

—Por supuesto que sí, pero he tomado una decisión, quiero más de ti que solo sexo. Así que arriba, no quiero que tu primera vez sea en esta oficina, deseo que sea especial —lo ayudó a levantarse, lo atrajo hacia su cuerpo y lo abrazó—. Pronto… muy pronto ambos disfrutaremos el uno del otro.

—Me gustaría mucho —susurro Elías muy emocionado.

—Me alegro, porque he hecho planes para nosotros, quiero que te vayas antes a tu casa, te pasaré a buscar a las ocho de la noche, iremos a cenar juntos.

—Ohhh… eso me encantará —dijo muy emocionado, su cara irradiaba felicidad.

—Bien, ahora cubre ese lindo trasero, me tienes caliente —esto lo dijo palmeando suavemente un glúteo del chico.

El joven se vistió rápidamente, su expresión era alegre, Max lo vio dirigirse sonriendo a la puerta.

—Elías… —el muchacho lo miró con una interrogante escrita en su expresión— ven acá —esperó a que estuviese junto a él para inclinarse y besar suavemente sus labios—, estoy impaciente porque llegue la noche. Ve a casa ahora, duerme una siesta, no quiero que te duermas en la cena.

—Gracias lo haré, de todos modos no tenías ningún cliente programado para hoy —dijo con buen humor, antes de salir de la oficina.

Maxwell vio alejarse al muchacho, sonrió al ver lo tranparente que eran cada una de las emociones del joven, le gustaba eso de él, era un cambio refrescante después de tanta mujer fría y calculadora. Sabía que muchas de esas mujeres solo lo veían como un trofeo, no les importaba el hombre. Con Elías sentía que era todo lo contrario, lo que hacía sentir un calorcillo especial en su pecho. Hacía mucho que el muchacho venía invadiendo sus pensamientos en momentos realmente engorrosos y otros no tanto, como el otro día en el supermercado cuando vio una caja de bombones de licor, la cual había comprado en un momento de arrebato al recordar cuanto le gustaban a Elías, aún la tenía en el cajón de su escritorio sin decidirse a dársela. Sonrió al pensar que ésta sería la ocasión ideal para regalársela. Se vistió rápidamente y decidió irse a su casa, no sería malo para él descansar un poco y aprovechar que tenía todas sus citas de trabajo canceladas.

Una vez en su casa fue directamente a baño donde se aseó prolijamente, cuando terminó se dirigió al dormitorio y se tendió desnudo sobre la cama, tal vez sería bueno dormir unos cuantos minutos, no quería estar desgastado para Elías, al pensar en el muchacho sonrió, planeaba dormirse muy tarde esta noche y terminar más que desgastado si todo salía bien con el muchacho. Recordó muchos enfrentamientos con sus padres, pero ya estaba cansado de darles siempre el gusto, era hora que viviera su propia vida y si eso incluía una pareja del mismo sexo, bienvenido sea, había quedado más que cabreado con todas las féminas que había conocido, sabía que era culpa de él, ya que

ellas no lo satisfacían, pero por las apariencias, se vio obligado a tener siempre una de ellas colgada de su brazo, sabía que las había buscado del lado equivocado, todas mujeres frívolas y muy zorras, no quería que ninguna de ellas tocara ni de cerca su corazón, ya que desde hacía cinco años él sabía cuál era la persona indicada, solo no había tenido la suficiente valentía para arriesgarse y enfrentar a su familia.

El saber que Elías estaba tras su escritorio mientras él se follaba a Marcia, lo hizo decidirse, en los ojos del muchacho vio tantas cosas en ese momento, dolor, asco, decepción y por qué no decirlo: anhelo, tal vez de ser el que estuviese en sus brazos. No, no podía seguir con esto, ya no era aceptable seguir teniendo a su pequeño hombre en espera y solo dándole pequeños indicios para que no perdiese el interés, el muchacho ya había madurado, ya no era en niño que entró a trabajar en su oficina con solo 20 años. Se había convertido en un hermoso hombre frente a sus ojos, un hombre que esperaba conservar, que valoraba y quería. Sabía que también Elías lo quería, se lo decían sus ojos cada vez que lo miraba, sus acciones, siempre había estado pendiente a lo largo de los años hasta del más mínimo detalle para agradarlo. Todas estas cosas lo habían llenado y tenían su corazón tranquilo, pero ya no podía dar más largas al asunto, su hombre también tenía necesidades y él iba a ser quien lo iba satisfacer, no esperaría que otro en un descuido se lo arrebatara por ser un imbécil. Se durmió en unos minutos con estos pensamientos en mente, con su cuerpo y alma alivianados.

Elías era un manojo de nervios, tanto era así que llamó a su amiga a pedirle consejo, marcó y esperó que respondiera.

—Hola Caro, ¿Cómo estás? —preguntó ansioso.

—Antes que sigas, dime que sucedió. Tu voz se oye extraña.

—Tengo una cita, no sé que ponerme. La verdad es que soy un desastre, mi mente no funciona en este momento, es una idiotez nunca antes me había pasado —dijo el joven preocupado.

—¿Quién es el afortunado? Porque para tenerte en ese estado debe ser alguien especial, ¿lo conozco?

—Sí, lo conoces. Es… Maxwell… —se sacó el teléfono del oído y lo miró espantado haciendo una mueca ya que su amiga pegó un grito que casi le rompe el tímpano. Sonrió al oírla cantar una canción pegajosa— veo que te gustó la información.

—Júrame que es verdad, el hombre es uuuaaauuu… un adonis. Pero si yo nunca lo he visto con hombres, ¿cómo es eso?

—No lo sé, ni quiero saberlo. La verdad es que voy aprovechar la oportunidad que se me está dando y disfrutarlo, ya me preocuparé de los problemas después. Imagínate estaré con el hombre que amo.

—Pues me alegro mucho, ya estaba bueno, si ya veía que en cualquier momento languidecías esperando por tu adonis.

—No es solo eso Caro, él me gusta en su totalidad. Lo he amado por años y hasta la más ridículas de sus manías me enternecen —su voz sonó añorante.

—¿Tiene muchas? —pregunto con diversión Carolina.

—Unas cuantas… pero no te las diré. Ahora dime que hago, mi cerebro se fue de paseo desde que me dijo que vendría por mí.

—¿De cuánto tiempo dispones?

—Dos horas.

—Bien escucha, primero que nada llenarás esa bañera maravillosa que tienes y cuando esté al tope le regarás las sales que te regalé, después te meterás dentro por media hora, para que te relajes, no sería bueno que vayas a tu cita estresado. Tenemos que tomar en cuenta como seguramente terminará, por lo que mientras más tranquilo estés, mejor. Ay amigo, solo espero que Maxwell lo haga memorable para ti, no quiero que tu primera vez sea dolorosa.

—Mmm… ya te contaré que tal me fue después, mira que solo de pensarlo ahora me da pavor, hoy lo vi desnudo y te digo que su pene es enorme, no creo que quepa en mi —dijo con miedo, eso lo había estado inquietando hasta ahora.

—Relájate amigo, eso no sucederá. Si te das cuenta que no se da el tiempo de prepararte, dile que requieres de unos minutos para estar listo, recuerda los videos que vimos juntos para que aprendieras.

—Una cosa es verlo y otra hacerlo, me da vergüenza —murmuró sonrojado.

—No te preocupes, Maxwell no es un niño, y tiene un montón de experiencia. Ahora sigamos con la preparación, recuerdo que tienes un traje precioso sin estrenar, eso estará bien, no creo que tu hombre te lleve a comer hamburguesas —dijo lo último sonriendo divertida— ponte la camisa color marengo y la corbata nueva que compramos en nuestra última excursión a las tiendas, ¡diablos en momentos como éste odio que seas gay, quedarás tan apetecible que te querría para mí!

—¡Que cosas dices! Sería incestuoso, tú eres como mi hermanita —dijo horrorizado Elías.

—Solo bromeo tontito, yo también te quiero como un hermano. Bien, ahora sigamos… la ropa ya está definida, el resto lo combinas, no te pases con el perfume es desagradable si te pones demasiado, usa solo aftershave, al traje le rocías un poco de tu perfume y… ¡recuerda llevar condones en el bolsillo!

—¡Diablos Caro, solo falta que me digas como hacer una mamada! —se quejó Elías rodando los ojos avergonzado.

—Estoy segura que para eso no me necesitas a mí, ya tendrás a Maxwell deseoso de enseñarte. Ya dejemos esto hasta aquí o te retrasarás.

—Bien, gracias amiga, me sirvió hablar contigo —dijo el joven mucho más relajado.

—Recuerda, quiero detalles en nuestra próxima conversación.

—Eso nunca, déjalo a la imaginación —respondió divertido.

—Eres malo.

—Chao preciosa, nos vemos en el trabajo.

—Un beso, suerte y pásalo muy bien.

—Eso tenlo por seguro —ambos jóvenes colgaron su llamada con una sonrisa alegre en sus labios.

Elías siguió al pie de la letra todas las indicaciones de su amiga, revisó que todo estuviese cerrado, ya que solo faltaban unos pocos minutos para que llegase Maxwell, tomó un vaso con agua y se sentó a esperarlo en el sofá. Se levantó ágilmente al sentir sonar el timbre de su departamento.

Abrió la puerta, frente a él estaba el hombre más caliente que había conocido, alto, elegante, musculoso, de piel bronceada, unos ojos verdes preciosos y cabello negro, todo envuelto impecablemente en un traje Armani. Por un momento quedo sin habla.

—¿Puedo pasar? —preguntó divertido Maxwell.

—Perdón… por supuesto. Pasa —dijo haciéndose a un lado de la entrada y dejándolo entrar, sintió la cara caliente por el sonrojo— Ohhh… —soltó sobresaltado ya que Maxwell lo había tomado, lo apoyó contra la pared de la entrada y lo besó apasionadamente, solo se separaron por la falta de aire. Elías se quedó mirando los labios de su cita embelesado.

—Estás como para comerte, bebé, no pude aguantar la tentación de besarte —mientras lo decía el hombre acarició los labios hinchados del muchacho—, mejor nos vamos, tengo reserva a las ocho y media —besó delicadamente los

labios del joven nuevamente y lo miró a los ojos—. Estás hermoso, quiero que llegue rápido el momento de sacarte de ese traje.

—Gracias, me alegro que te guste como me veo —su voz se escuchó en un susurro. Elías se sintió feliz.

—Vamos, se nos hace tarde —Maxwell guió al joven hasta la puerta y fueron hasta su auto tomados de la mano.

La cena transcurrió sin incidentes, fue maravillosa, Elías se sentía en una nube, nunca alguien había estado tan pendiente de él, hasta el más mínimo detalle, como los bombones que le había regalado nada más subirse al vehículo, ese detalle llenó su corazón de alegría, ya que se dio cuenta que no era tan indiferente al hombre frente a él, sabía cuales chocolates eran sus preferidos, lo que le indicaba que sabría muchas cosas más.

El restaurant donde lo llevó era elegante y muy acogedor, con iluminación tenue y música muy suave de fondo, lo que les permitió conversar amigablemente, por un momento Elías pensó que al salir juntos no tendrían temas de conversación y se producirían momentos de silencio. Afortunadamente se equivocó, Maxwell era un excelente anfitrión y tocaron muchos temas en común lo que hizo de su cena un momento demasiado agradable, solo quedaban esos nervios que no podía detener por la anticipación de lo vendría. Cuando terminaron Maxwell tomó su mano y se la llevó a los labios, no le importó que hubiese gente pendiente de ellos.

—Ya solo quiero tenerte para mí… ¿me dejaras hacerte el amor? —preguntó con una mirada intensa, cargada de deseo.

—Sí, yo también lo deseo —dijo sonrojándose el joven.

—Vamos, bebé —dijo levantándose de su silla y ayudándolo a levantarse, todo esto rodeados de murmullos que venían de las otras mesa y que ninguno puso atención, ya que estaban rodeados por su propia burbuja privada.

Una vez fuera del restaurant, salieron tomados de la mano y buscaron el vehículo, una vez dentro de este, Maxwell se acercó a Elías y lo besó en los labios suavemente.

—Gracias por esta cena maravillosa, hacia tanto tiempo o mejor dicho nunca había disfrutado tanto de una cita ¿te ha gustado? —quiso saber el Max.

—Sí, me gustó mucho, nunca nadie me había invitado a cenar. Esta es mi primera cita.

—Me hace feliz ser el primero —tomó la mano de Elías y lo miró seriamente a los ojos— Elías, quiero que esta salida sea más que solo eso, me gustaría tenerte más cerca ¿quieres ser mi pareja?

—Ohhh… yo… me encantaría, claro que quiero ser tu pareja ¿eso es como si fuésemos novios?

—Por supuesto que sí, solo seremos nosotros, se acabaron las citas con mujeres que mi madre me busque. Solo estarás tú en mi corazón, te daré tiempo para disfrutar esta etapa de citas y salidas, ya que sé que tú eso no lo has tenido, pero después de un tiempo quiero que vivamos juntos ¿te gustaría?

—Yo sería feliz de vivir contigo… yo… te amo Maxwell —dijo esto último es un susurro, bajando los ojos, ya que a pesar de su felicidad, eso aún le preocupaba.

—Mírame Elías —cuando el joven lo miró, tomó su rostro y dijo antes de besarlo—: Yo también te amo, desde hace mucho tiempo. Si antes no dije nada, es porque quería que maduraras, que vivieras un poco más. Y me alegro que tú me hayas amado tanto que te guardaras solo para mí.

—Yo… este… nunca quise a nadie más, solo tú —dijo sonrojado, pero muy feliz.

—Vamos a casa bebé, creo que si no lo hacemos saltaré sobre ti, y antes que nos demos cuenta seremos arrestados por actos impúdicos —dijo besando cariñosamente la frente de Elías.

Maxwell puso en funcionamiento el vehículo y los llevó tranquilamente hasta su casa, ubicada es una zona exclusiva y residencial, las viviendas eran hermosas con grandes jardines. Se detuvo frente a una de ellas y guardó su vehículo en el garaje. Una vez estacionado salió del auto y abrió la puerta del joven, lo tomó de la mano y lo llevó directo hasta su habitación, lo hizo sentar en la cama mientras él encendía pequeñas velas blancas ubicadas en forma estratégica por toda la habitación.

Elías estaba alucinado, no cabía de felicidad por todos los detalles tan lindos que estaba teniendo Maxwell, lo vio acercarse y casi brincó cuando lo hizo ponerse de pie, le ayudó a sacarse la chaqueta de su traje y la dejó colgada en una silla, sacó su corbata, desabotonó su camisa y a medida que iba revelando su piel acalorada, lo iba besando y chupando, cuando llegó a su pantalón ya estaba totalmente erecto, lo que hizo que jadeara cuando bajó la cremallera, lo sentó y le sacó los zapatos y los calcetines antes de bajarle el pantalón y el bóxer juntos. Lo ayudó a tenderse sobre la cama sin dejar de besarlo o acariciarlo.

—Bebé, eres tan hermoso —Maxwell se enderezó y se desnudó rápidamente sin dejar de mirar un segundo la visión tan perfecta que tenia frente a él, una vez desnudo se acercó al joven y se acomodó sobre él, haciéndole abrir las piernas, ubicándose. Esta vez el beso que siguió los hizo jadear, ya que el toque de piel con piel y la fricción de ambas erecciones los tenía al borde, pero Maxwell no se apresuró, quería que todo fuera perfecto para Elías, aunque el deseo lo estuviese matando, sacó fuerza de voluntad y amó tiernamente el cuerpo su pareja, arrancándole suspiros, gemidos y ruegos, los que llenaron su alma de más amor por su amante.

Cuando por fin estuvo dentro del cuerpo tan perfecto de su bebé, fue la sensación más maravillosa que había sentido, haciéndole ver que al fin había encontrado su hogar, el amor, dejando atrás los años de autoengaño e insatisfacción. Elías le rogaba que lo embistiera más intensamente y él le dio todo lo que hizo feliz a su hombre y más. Por muchos minutos se escuchó en la habitación jadeos, el ruido producido por el golpe de piel contra piel y el rechinar del colchón. Cuando acabaron colapsaron juntos abrazados, sin aliento, y con el retumbar de ambos corazones agitados. Maxwell abrazó y besó a Elías sin salirse de él, susurrándoles palabras de amor en su oído.

—Te amo Maxwell, eso fue maravilloso, gracias…

—También fue maravilloso para mi, cariño —respondió emocionado por primera vez en su vida. El saber que el hombre en sus brazos lo amaba por lo que era y no por lo que representaba, que Elías se entregara tan libremente a él a pesar de nunca haber sido tocado antes, lo llenó de orgullo y humildad, ya que sabía la valentía que tuvo que tener para confiar tan ciegamente en él, sabiendo que no lo lastimaría—. Te amo.

  

Fin